Tres tercios, una unidad

27 may

Si ahora mismo pudiéramos rescatar de nuestro archivo las primeras fotos que tomamos, aquellas que sacamos el primer día que tocamos una cámara, veríamos cómo casi por instinto tendíamos a colocar los motivos principales bien centrados en la imagen. Retratos de medio cuerpo rodeados de nada y piernas cortadas con la extraña intención de dejar las cabezas siempre lo más centradas posible. Supongo que este comportamiento tendrá alguna explicación, aunque no lo sé a ciencia cierta. Lo único que sé es que, fotográficamente hablando, es una práctica que debe ser corregida. De hecho, en fotografía hay una regla enunciada específicamente para tal fin: la regla de los tercios.

Esta norma dice, básicamente, que todo cuadro fotográfico se divide en tres franjas de igual grosor, tanto de derecha a izquierda como de arriba abajo. Dicha división genera un cuadro central cuyos vértices se denominan zona áurea. Son los puntos principales de la imagen y el lugar, por tanto, donde debemos colocar el detalle más relevante de la fotografía. Aunque, por supuesto, la regla de los tercios se puede romper, es más que recomendable seguirla. Si bien no es necesario ser especialmente estricto -como veréis en unos ejemplos- en su aplicación. Si os fijáis, estos puntos coinciden con las líneas de fuerza e interés.

Tenemos un ejemplo casi perfecto arriba, en la imagen ‘Mineros de Idaho Springs, Colorado’ que nos envió Rafa García hace unos meses. En ella los tres sujetos están alineados cada uno en un tercio, pero al mismo tiempo las cabezas de los sujetos principales, los que miran a cámara, están encajadas en los puntos superiores de la zona áurea. Una imagen simplemente magnífica.

Como acotación a la regla de los tercios existe lo que se viene a llamar ‘regla del horizonte‘, que no es más que la adaptación de la regla de los tercios para fotografías de paisaje. Esta norma especifica que la línea del horizonte ha de ir siempre en la línea del tercio superior si queremos dar relevancia a la tierra (o mar) y en la línea inferior si queremos dar preferencia al cielo. El horizonte, en resumen, nunca debe situarse en el centro de la imagen.

La fotografía que tenemos arriba, titulada ‘Otro adiós’ y firmada por Emilio Pastor-Lisimaco, nos viene al pelo. Como se puede ver, no sólo la línea del horizonte está arriba, sino que el elemento relevante de la tierra está ajustado en uno de los vértices de la zona aurea. Si alguno de estos dos elementos hubiera estado fuera de lugar, la escena tendría sin duda mucha menos fuerza.



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