Tres días para captar un instante decisivo
- Editor: Ramón Peco |
- Categoría: Así se hace |
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Hay dos formas de captar con la cámara un instante decisivo. Lo normal es que nos encontremos con una escena que por una u otra razón refleja algo irrepetible y demostremos reflejos al disparar la cámara, pero también podemos planificar un instante decisivo. Veamos aquí un ejemplo.
La foto surgió casi sin darme cuenta. Los detonantes que la provocaron fueron un proyecto fotográfico de una de mis alumnas -que finalmente no llegó a buen puerto- y cierta foto premiada en la última edición de los World Press Photo. Pero sobre todo surgió por la fascinación que me produce ver pasar el tren por el centro de una ciudad -en este caso Cuenca-. Siendo crío viví junto a una estación de ferrocarril. Me pasaba las horas muertas viendo pasar desde el balcón de mi casa trenes. Así que la imagen ya la tenía más o menos definida en mi imaginación. Ahora sólo faltaba idear la forma de congelar ese momento decisivo en la cámara.

Tres días y tres intentos para obtener el presente instante decisivo.
Le expliqué a un amigo cómo deseaba llevar a cabo el plan y le pedí que me ayudase. El tren que quería fotografiar sobre el puente salía, según Renfe, a las siete menos cinco de la tarde desde una estación que está a unos 500 metros del lugar en el que hice la toma. Ya había estado un día merodeando por aquel sitio con la cámara e hice una primera prueba en una calle paralela.
Aunque el tren apareció puntual en aquel primer intento convenía saber el momento exacto en el que pasaría. Un minuto de margen, por ejemplo, era demasiado tiempo teniendo en cuenta que mi plan inicial era captar el ferrocarril entrando por la parte izquierda. Para anticiparme al instante decisivo necesitaba que mi socio me avisara por teléfono desde un paso a nivel que está un par de calles de distancia. Su llamada era la señal en de que había que pulsar el botón de disparo para captarlo surgiendo por la calle en la que yo estaba. La cámara que había empleado, la Olympus Pen E-PL1, en modo RAW sólo es capaz de hacer 10 tomas consecutivas. Más me valía que fuesen suficientes.
Debido a que el lugar en el que realicé la foto es un cruce de calles – no en vano lo llaman Cuatro Caminos- era fácil que a pesar de todo un automóvil, o cualquier otro vehículo, estropease la toma. Y así fue. La tarde en la que aparecí con mi compinche en el punto elegido para hacer el segundo intento él fue hasta el paso a nivel y me avisó del paso del tren. Comencé a disparar la cámara y en la secuencia logré, como habíamos previsto, captar la locomotora… ¡pero a través de los cristales de un coche que pasaba en ese momento! Sin embargo, aquella foto, y otras de la ráfaga, me sirvieron para entender que esa no era la foto que me interesaba. Prefería que el convoy tuviese más peso en la escena, no sólo captar la locomotora.
Las tomas resultantes de los tres intentos.
Lograr esa tercera toma era más sencillo, pues tenía tiempo de reaccionar a partir del momento en el que el tren aparecía por la izquierda. Todo salió como esperaba. Logré captar los vagones centrales en el momento deseado y los parámetros técnicos en la presente ocasión fueron mucho más adecuados. Capté con más amplitud la calle usando una distancia focal de 70 mm (140 en 35 mm) pues el encuadre logrado el día anterior era demasiado cerrado (había optado por una distancia focal de 278 mm en su equivalente de 35 mm). Aunque en ambos casos disparé con una velocidad de 1/40, opté por diafragma de f/8, elegí una sensibilidad de 400 ISO y usé un trípode es evidente que había mucha más luz en la última ocasión. La tarde estaba más despejada. Una vez obtenida la materia prima tocaba realizar la posproducción.
Lo primero que hice es algo que no me gusta hacer casi nunca: encuadrar de nuevo usando Lightroom. Lo hice porque al probar con un encuadre algo más cerrado el tren aparecía con mucha más fuerza en la imagen y el desnivel de la pendiente que pasa debajo de la vía se hacía más palpable. Hubiese sido posible volver al lugar de la toma para repetir la escena con otra distancia focal, pero había tenido suerte en esa ocasión -la calle estaba despejada de coches- y pensé que era difícil volver a tenerla. Realicé un balance de blancos manual, aumente un poco el enfoque, el contraste y la claridad, teniendo en cuenta el histograma. Procedí a realizar pruebas de impresión sobre papel Canson Rag Photographique de 310 gramos. Al ver los resultados rebajé la saturación general de la imagen, realicé un ligero ajuste de curvas y obtuve la copia definitiva. Ahora sólo falta ponerle un marco.
















